Un mois de légendes /
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Voeu pieux…
Faire en sorte que l’ineffable nous devienne familier tout en gardant ses racines fabuleuses / Jules Supervielle.
Bonne année à tous.
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El viejo, Teocelo, Veracruz.
En Teocelo, el 31 de diciembre no es solo una fecha de cierre, sino un umbral. La caminata del Viejo aparece como una escena pública donde el tiempo se vuelve visible y caminable. Los cuerpos disfrazados —niños, jóvenes y adultos— no representan únicamente la vejez; encarnan al año que se agota, cansado pero todavía risueño, consciente de su destino. El Viejo sabe que va a morir, y por eso canta.
La procesión avanza por las calles como un relato coral. Los instrumentos improvisados, las latas convertidas en tambores, las guitarras y panderos no buscan perfección musical: buscan presencia. Cada golpe marca el paso del tiempo que se va; cada verso repetido y cada rima improvisada actualizan una memoria compartida. Pedir limosna no es aquí un acto de carencia económica, sino un intercambio simbólico: la comunidad ofrece unas monedas a cambio de participar en el ritual de despedida.
El canto insiste en una idea central: el Viejo deja hijos para el año nuevo. No muere del todo. Se transforma. A medianoche será ceniza, pero antes recorre el pueblo, se ríe de sí mismo y permite que la comunidad dramatice, una vez más, la paradoja del tiempo: todo termina y, sin embargo, todo continúa.
La imagen captura ese momento suspendido. Los disfraces no ocultan identidades; las multiplican. Nadie es solo espectador. Todos, de algún modo, están caminando con el Viejo. En ese gesto colectivo, Teocelo no solo despide un año: reafirma su manera particular de estar juntos en el tiempo, de narrar el cambio y de domesticar la incertidumbre mediante la risa, la música y el recorrido compartido.
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Mi Tío Julian
Tener un gran tío no es una cuestión de parentesco, sino de aprendizaje. Mi tío Julián no me enseñó con discursos largos ni con moralejas explícitas. Me enseñó caminando, trabajando la tierra, mirando el clima, respetando los tiempos lentos del campo. En su manera de andar hay una ética; en sus manos, una memoria; en su silencio, una forma de conocimiento que no necesita ser explicado para ser verdadero.
Ser hombre de campo, según él, no es dominar la naturaleza, sino saber convivir con ella. Es entender que el esfuerzo no siempre se ve de inmediato, que la paciencia también es una forma de inteligencia, y que la dignidad se construye en los actos repetidos todos los días. Mi tío Julián encarna esas lecciones sin nombrarlas: las vive.
Quererlo es reconocer que muchas de las cosas que soy no vienen de libros ni de teorías, sino de haber observado atentamente cómo un hombre habita su mundo. En esa observación —tan simple y tan profunda— se encuentra la grandeza del tío, del maestro cotidiano, del hombre que enseña sin proponérselo.
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» Un point de détail de l’Histoire «
https://www.humanite.fr/culture-et-savoir/brigitte-bardot/le-pen-un-homme-charmant-bardot-licone-des-francais-devenue-icone-de-lextreme-droite
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J’ai décidé d’être heureux parce que c’est bon pour la santé.
Voltaire, Nicolas et Sylvie.
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Il y a…
.. ceux qui sont dessus, dans le bleu, et il y a les autres, coincés dessous, dans le gris.
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Feliz día de los Abuelos
Mi familia de Teocelo no se parece a ninguna otra.
No porque sea perfecta, sino porque es mía, porque está hecha de tiempo compartido, de silencios que abrazan y de risas que resisten. La extraño incluso cuando no lo digo, incluso cuando la vida me empuja lejos.
Cada vez que regreso por allá, algo en mí se acomoda. El cuerpo reconoce el lugar, el corazón baja la guardia. Me lleno de su energía, de su cariño, de ese amor que no necesita explicación ni promesas: simplemente está. Teocelo es un sitio donde soy feliz porque ahí soy completo, porque ahí no tengo que demostrar nada.
Esta foto es de hace algunos años, pero el amor que guarda no se quedó en el pasado. Al contrario, crece. Con el tiempo, con la distancia, con la conciencia de lo frágil y valioso que es estar juntos. Mis seres queridos se vuelven más importantes conforme pasan los años, como si el tiempo no los desgastara, sino que los afirmara.
Volver a ellos es volver a mí. Y eso, en un mundo que corre tan rápido, es un privilegio enorme
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Jessy & Dan
Periférico no perdona, pero tampoco pregunta. Ahí van Daniel y Jessy, sin prisa y sin permiso, montados en sus potros de dos ruedas: una Benotto que conoce el asfalto desde antes del amanecer y una Orbea que corta el aire como si supiera a dónde va. No es carrera, es rodada; no es huida, es insistencia.
A la altura de Cuemanco, el concreto se vuelve testigo. El parque respira a un costado y la ciudad gruñe al otro. Entre ambos, ellos avanzan: pedalear como quien piensa, pensar como quien se mueve. El casco ajustado, la mirada al frente, el cuerpo entendiendo que aquí la libertad no es promesa sino práctica.
Así se cruza la ciudad: sin héroes ni discursos, con sudor y ritmo. Tibón diría que la calle también educa, que la bici ordena el caos, que rodar juntos es una forma discreta de decir “aquí estamos”. Y siguen, porque en esta ciudad el camino no se explica: se pedalea.
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Alebrijes
Los alebrijes son seres imaginarios que combinan elementos de diferentes animales para crear criaturas fantásticas y llenas de vida. Esta pieza, con sus alas de mariposa, cuerpo de abeja y cabeza de conejo, es un ejemplo perfecto de la creatividad sin límites de los artesanos mexicanos. Cada patrón geométrico y cada color vibrante cuenta una historia de tradición y sueños.
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El Milagro de la Estirpe: Nuestro Retrato Colectivo
Pertenecer a esta familia no es un simple azar de la biología, sino un acto de resistencia y celebración. En este crisol de rostros, donde conviven la sabiduría de los años y la irreverencia de la juventud, se manifiesta el verdadero espíritu de lo que somos: una amalgama indisoluble de sangre, risas y destino compartido.
Observo esta imagen y veo un microcosmos de humanidad. Cada gesto —desde la mueca juguetona hasta la mirada serena— es un eslabón en una cadena ancestral que nos une. Aquí, entre el aroma de la mesa compartida y el caos amoroso de nuestras mascotas, se gesta la patria más pequeña y sagrada: la del hogar.
Ser miembro de esta familia es entender que nadie camina solo. Somos un cuerpo colectivo donde el triunfo de uno es el eco del orgullo de todos. En la diversidad de nuestras personalidades reside nuestra mayor fortaleza; somos un árbol de raíces profundas y ramas extendidas que desafían al tiempo.
Hoy celebramos no solo nuestra historia, sino el privilegio de sabernos parte de este todo luminoso. Porque al final del día, el nombre que compartimos no es solo una palabra, sino el refugio más seguro que el mundo nos ha dado.
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L’ ampleur de la tâche…
Où l’on voit que Monique paraît soucieuse face au défi qui l’ attend.Pour la première fois de sa vie elle va devoir réaliser une omelette géante…
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surpris
…à la question posée j’avais répondu :
Pour conjurer l’oubli !
et mon interlocuteur de répondre :
…ça ne serait pas plutôt pour te rendre visible ?
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Vous aimeriez que je vole au-dessus du lit ?
La géniale photo au mur est de Gabriel Asper, également actif sur ce site !
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De dzou, tu l’as lu, tu l’as lu ?
V. me parle d’une maison de famille qu’il retape, d’une aïeule un peu excentrique qui y a habité, d’un piano qui trône dans le salon depuis 1900…
De dzou, tu l’as lu, tu l’as lu ?
Quoi ? Qui ?
Mauvignier, la Maison vide. Le Goncourt.
C’est l’histoire de Marie-Ernestine et de son piano, c’est peut-être aussi un peu l’histoire de ta famille… un roman.
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Plus que 69 heures et 18 minutes
Plus que 69 heures et 18 minutes entre maintenant, 18 h 45 le 18 décembre 2025, et le solstice d’hiver à 16 h 03 le 21 décembre 2025… et le retour de la lumière.
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Le cabas réunit.
Pourquoi ne pas remplacer les crèches de Noël, tous les signes religieux, par un cabas. Le cabas réunit. Ça permettrait, en célébrant Saint cabas, de ne pas froisser les consommateurs que le Noël chrétien offusque.
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Chistosito, un payaso… bien payaso !
Hay oficios que no se heredan,
se eligen con el cuerpo.
Ser payaso es aprender a entrar en la vida de otros sin hacer ruido,
con una sonrisa que no invade
y una risa que no exige permiso.
Es saber que el gesto sencillo —una mirada, una torpeza fingida, un silencio oportuno—
puede abrir un respiro en medio del día.
El payaso domina una maestría discreta:
leer el ánimo ajeno,
medir el tiempo exacto del chiste,
entender que la alegría también se trabaja
y que hacer sentir bien a alguien
es una forma profunda de responsabilidad.
Detrás del maquillaje hay atención,
hay escucha,
hay una ética del cuidado.
Porque provocar risa no es distraer,
es acompañar.
Y en esa tarea humilde y luminosa,
el payaso ejerce una fortuna rara:
recordarnos, aunque sea por un instante,
que la vida también sabe sonreír.
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Tapis
En une nuit de pluie et de vent, le marronnier m’offre un somptueux tapis…et de quoi m’occuper….
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Cheis en manada
No camina adelante ni atrás:
camina conmigo.
En la calle, en la noche, en el ruido,
este cuerpo de cuatro patas
no es amenaza, es presencia.
El pastor no ladra al mundo,
lo vigila.
No ataca sin razón,
protege lo que reconoce como suyo.
Tener un compañero así
es aprender disciplina sin violencia,
lealtad sin palabras
y fuerza sin exhibición.
Aquí nadie está solo.
Aquí se camina en manada.
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Frutas y verduras « Coco »
¡Contemplad este microcosmos de luz y pulpa! Bajo el humilde techo de la Recaudería « Coco », no solo se comercia con los dones de la tierra; se custodia, sin saberlo, un panteón de astros efímeros.
Observad esas piñatas, estrellas de siete picos que penden del techo como constelaciones de papel de seda y oropel. Para el ojo profano, son simples adminículos de la fiesta; para el iniciado, son el símbolo vivo del sincretismo: el septenario de los pecados que el hombre, armado de fe y un palo de escoba, habrá de derribar para obtener la recompensa celestial. Sus colores —púrpuras de obispo, verdes de jade, platas que envidiarían las minas de Taxco— vibran en el aire estático del mercado, creando un caleidoscopio que marea el espíritu y alegra la vista.
Debajo de este cielo de cartón, la realidad se torna suculenta. Frutas y verduras « Coco » —nombre que nos remite a la palma viajera, al fruto que es agua y carne a la vez— ofrece su cornucopia cotidiana. Allí están los plátanos, dedos de oro que apuntan al suelo; las manzanas, rojas como la tentación primera; y los cítricos, pequeñas esferas de sol atrapadas en una caja de madera.
Al fondo, tras el mostrador, se adivina la presencia de la guardiana de este jardín de las delicias. Ella, impasible ante el estrépito de colores que la rodea, es la sacerdotisa del pesaje y la medida. En sus manos, el rito de la compra se vuelve una danza de pesos y centavos, de « marchante » y « marchanta », un diálogo que resuena en las plazas de México desde antes que el primer caballo español hollara este suelo.
En esta esquina del mundo, lo sagrado y lo profano se dan la mano. Las piñatas esperan el golpe que las rompa para liberar su alegría, mientras la fruta aguarda el mordisco que la redima. Es la Recaudería « Coco », un rincón donde la geometría de las estrellas de papel vigila la frescura de la tierra, recordándonos que en México, hasta para comprar la cena, hay que mirar primero al cielo.
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La Odisea de Joel: El Caballero de la Libélula de Acero
Observad a Joel. En su figura se sintetiza la dialéctica de la gran urbe contemporánea. No va montado sobre un brioso corcel de las crónicas virreinales, sino sobre una bicicleta —esa libélula de acero— que es, a un tiempo, instrumento de trabajo y brújula de su propio destino.
Tras él, un muro de un rosa mexicano herido por el tiempo, una pátina de salitre y desconchones que nos cuenta la historia de nuestras periferias. Es el color de la identidad que se resiste a desaparecer, enmarcado por el acero frío de las grúas que, como gigantescos dedos de un dios mecánico, pretenden reconstruir el cielo.
Joel, nombre de resonancias proféticas, carga sobre sus hombros el cofre anaranjado, el nuevo exvoto de la era digital. Dentro no van especias de Oriente ni cartas de amor caligrafiadas, sino el deseo inmediato, el hambre satisfecha por el algoritmo, el « aquí y ahora » de una sociedad que ha olvidado el arte de la espera.
¿Cómo sortea Joel su día a día? Su ruta no es una línea recta en un mapa de cristal líquido; es una danza atávica contra el caos. Él conoce el lenguaje del bache, el siseo del neumático sobre el pavimento caliente y el humor del viento que en la Ciudad de México siempre parece soplar en contra. Es un cartógrafo del instante: sabe que entre la alambrada que corona los muros y la sombra de la grúa, existe un pasadizo invisible donde la voluntad humana derrota a la distancia.
En este « repartidor » late la herencia de los antiguos painanis, aquellos corredores veloces que llevaban noticias por los valles del Anáhuac. Hoy, Joel no corre para Moctezuma, sino para el ciudadano anónimo. Su heroismo es silencioso, su épica es el pedalazo rítmico.
Al verlo pasar frente a ese muro que parece sangrar color, comprendemos que el servicio de entrega no es una invención del silicio, sino una necesidad del espíritu: la de conectar mundos, la de cruzar la frontera del barrio para llevar, en cada viaje, un pedazo de vida sobre dos ruedas.
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La música sonidera no sólo acompaña el camino del peregrino: lo sostiene, lo empuja y lo vuelve comunidad
En Iztapalapa, cuando la noche cae sobre avenida Tláhuac, no todo es cansancio ni silencio. De pronto, entre el concreto, los pasos y las luces de los coches, aparece el milagro sencillo: un sonidero prendido, una bocina que no pregunta de dónde vienes ni cuántos kilómetros llevas, sólo te dice —con cumbia y saludo— que sigas, que no estás solo.
Ahí va la gente rumbo a la Basílica, con los pies adoloridos pero el ánimo tercamente vivo. Y entonces suena la música: un saludo para los peregrinos, para el barrio, para la Virgencita. La cumbia se mete en las piernas, endereza la espalda y hace que el paso vuelva a ser firme. No es espectáculo, es apoyo. No es fiesta, es acompañamiento.
Alguien se acerca con un vaso de ponche humeante —muy rico, como debe ser—, y en ese gesto cabe todo: la hospitalidad popular, la solidaridad sin discurso, la fe que se expresa mejor compartiendo que predicando. Música, calorcito, palabras de aliento. Eso también es peregrinar.
Así, muchos vecinos se vuelven parte del camino. No caminan hasta la Basílica, pero empujan a otros a llegar. Con sonideros, con comida, con ánimo. Y uno entiende que esta marcha no se sostiene sólo por la fe, sino por el barrio que la respalda.
Porque cuando el cuerpo ya no quiere, la cumbia sí.
Y cuando el cansancio pesa, el agradecimiento pesa más.
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qui sait
Joyeuse et généreuse jeunesse qui sait qu’on ne chausse pas ses baskets avant d’enfiler son jeans.
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A este gran equipo de Participación y Atención Ciudadana de la CDMX:
Ustedes son la primera línea, el pulso vivo de una ciudad que nunca se detiene. Caminan entre miles, escuchan a cientos, resuelven lo urgente y acompañan lo importante. Son de esos equipos que no solo trabajan: se entregan.
En cada jornada, en cada evento, en cada silla acomodada y cada sonrisa atendida, dejan claro que la ciudad se sostiene gracias a personas que no se rajan. Personas que saben que servir no es un trámite, sino un acto de presencia, de fuerza, de convicción.
Este equipo es de alto rendimiento porque entiende algo que muchos olvidan:
que la grandeza de la CDMX no está en sus edificios, sino en su gente;
no en sus promesas, sino en quienes las hacen posibles.
Sigan así: firmes, humanos, invencibles.
Porque cuando ustedes están en campo, la ciudad respira mejor.
Y cuando ustedes se unen, se siente que nada es imposible.
Aquí y ahora, queda dicho:
Este equipo no solo trabaja por la ciudad
la ciudad late gracias a este equipo.
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Arturo
En el fondo, casi disuelto entre las líneas del estacionamiento subterráneo, Arturo vigila en silencio a los caballitos de acero, aluminio y fibra. No busca protagonismo: su figura borrosa recuerda que la ciudad también se sostiene con gestos mínimos, con presencias que casi pasan desapercibidas.
Mientras las bicicletas esperan el siguiente viaje, Arturo mantiene vivo el puente entre el movimiento y la pausa. Su mirada —aunque difuminada— organiza el espacio, lo vuelve habitable. La imagen sostiene una tesis sencilla pero poderosa: los objetos narran, pero son las personas, incluso cuando apenas se alcanzan a ver, quienes les dan sentido.
Aquí, en esta frontera entre concreto, luz artificial y ruedas inmóviles, la fotografía captura no sólo un lugar, sino una relación: la del guardián y su rebaño metálico, la de la ciudad y quienes la cuidan sin estridencias.
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Pépère
À Daniel Pennac, ce marchand de prose, que je considère, même sans le connaître, comme un ami à force de le fréquenter depuis des années. Et à qui de droit…
PS , pour mes amis photographes et/ou amants de la photographie : plongez-vous dans les bonnes feuilles du Roman des regards, du même Pennac.Un bonheur de lecture sur la photographie, l’art et les souvenirs…
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A chaque fois
Heureuse nature et bon cuisinier. A chaque fois qu’un client se présente, il l’accueille en chantant.
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uranium
…les paysages aux touristes, pour les devises. Les sous-sol aux chinois, pour l’uranium.
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Welwitschia mirabilis
…pousse un demi-millimètre par jour, on trouve dans le désert du Namib une plante qui a plus de deux mille ans.
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Arigatô gozaimasu
Bateau perdu sur la rive
Canal hivernal
Une plante libellule.
( Note critique : dans haïku, il y a » aie ! « .Désolé.Que Bashô me pardonne…)
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