Un mois de légendes /
avril /
mai 2026 /
GRANDES
Hay compañías que no hablan, pero entienden todo.
Caminan a tu lado sin preguntar cuánto dinero traes, qué problemas cargas o cuántas veces el mundo ya te mordió antes.
El Doberman carga una fama construida desde el miedo: fuerte, imponente, vigilante. Pero detrás de esa musculatura y esa mirada firme existe un animal profundamente leal, inteligente y sensible a la energía de quien ama. No acompaña por obligación; acompaña porque decide hacerlo.
Verlos caminar juntos es entender que la manada no siempre se forma con palabras. A veces basta compartir el agua, el camino y el silencio.
En una ciudad donde casi todos corren, ellos todavía se detienen a vivir el momento. Y quizá por eso nos recuerdan algo simple: la verdadera compañía no necesita explicarse, solo permanecer.
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#noname 2618
itinérances Foto jusqu’au 31 mai à Sète. 39 photographes, 24 lieux. Dolorès Marat invitée d’honneur.
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Sur les façades du secours populaire…
… suspendre sans faire de trous, une sacrée gageure.
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Unos inadaptados
Hay fotografías que parecen registrar un momento, y otras que, sin pedir permiso, terminan registrando una forma de estar en el mundo. Esta imagen pertenece a las segundas.
Clifford Geertz habría dicho que la cultura no vive en los grandes discursos, sino en esas pequeñas acciones que repetimos hasta volverlas rituales: un gesto, una broma, una parada inesperada. Y rodar en bicicleta, entre personas tan distintas y tan parecidas, tiene algo de eso; es una especie de ceremonia contemporánea sobre dos ruedas.
Aquí hay historias diminutas y enormes al mismo tiempo: accidentes que por fortuna se quedan en raspones y después se vuelven anécdotas narradas con orgullo exagerado —porque el ciclista convierte cada caída en epopeya—; tacos de carnitas con un sospechoso color rosado, aceptados con una fe que pocas religiones consiguen despertar; Coca-Cola compartida, algunos en solitario y otros en pareja, mientras el hambre y el cansancio ponen tregua a la ruta.
Y luego está ella: la bicicleta. Ese ser amado que uno manipula, limpia, ajusta, regaña y presume. A veces parece máquina; otras veces termina siendo compañera, terapeuta y cómplice silenciosa. Nos ha enseñado distancias, paciencia, resistencia; nos ha permitido descubrir lugares que parecían imposibles y entender que una ciudad cambia por completo cuando se mira al ritmo de los pedales.
Porque al final uno cree que sale a rodar para recorrer calles. Y no. Con cierta ironía —muy propia de la vida— uno termina descubriendo que las rutas sirven para otra cosa: para conocer personas. Personas extrañas, distintas, con historias incompatibles, pero unidas por una obsesión sencilla y hermosa: salir a rodar.
Y quizá ahí esté el verdadero trayecto. No en los kilómetros. Ni en las bicicletas. Ni siquiera en el destino.
Sino en esa extraña tribu que, entre risas, cascos, tacos dudosos y ruedas girando, termina convirtiéndose en hogar.
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À défaut d’avoir du soleil
Il n’est pas toujours simple de choisir une activité adaptée
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MEX.CDMX.
algo más que un asta y un cielo abierto: registra un acto cotidiano cargado de sentido. Porque la bandera no representa únicamente a un país; representa la manera en que una comunidad decide narrarse y reconocerse. Geertz diría que los seres humanos estamos suspendidos en redes de significado que nosotros mismos tejemos. Y quizá esa tela, moviéndose entre el viento y la luz, es una de las redes más visibles que tenemos.
Hay una ironía hermosa en ello: un pedazo de tela puede parecer poca cosa… hasta que alguien intenta tocarlo, defenderlo o perderlo. Entonces deja de ser objeto y vuelve a ser símbolo. Y los símbolos, discretos como suelen ser, tienen la mala costumbre de cargar el peso de generaciones enteras.
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Con el Burri
La ciudad parece avanzar sola: autos, avenidas, tiempos medidos al minuto y la Ciudad de México haciendo lo suyo… corriendo como si tuviera prisa hasta de respirar. Pero en medio de ese ritmo hay algo que vale más que llegar rápido: llegar seguro.
En horas de trabajo, moverse también es parte de la jornada. Y ahí aparece mi primo, el Burri: piloto, compañero de ruta y de esos que entienden que manejar una moto en la CDMX no es sólo girar el acelerador y confiar en la suerte. Aquí cada metro exige atención, experiencia y esa lectura casi instintiva del caos urbano.
Entre puentes, tráfico y avenidas interminables, viajar con el Burri me da algo que pesa más que cualquier atajo: seguridad. Porque mientras la ciudad intenta poner a prueba la paciencia de todos, él encuentra el camino con calma y firmeza.
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N’est pas Vermeer qui veut…
Ah !..Cette cabane de pêcheur, ce jaune, qui toujours me renvoie à la mort de Bergotte….
Bonnes feuilles:
La prisonnière/Marcel Proust; Petits pans de Proust-D’après un détail de Vermeer/Daniel Kay.
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retraite, ce vilain mot qui n’a pour N. aucun sens.
L’ami fête le versement de ses cotisations Assurance Vieillesse et Survivants (AVS) que chaque helvètes touche (s’il a bien cotisé) au moment de sa retraite – retraite, ce vilain mot qui n’a pour N. aucun sens.
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Mais pourquoi
Mais pourquoi vous avez planté cette charmille juste sous la branche du chêne?
Je n’ai fait que suivre les métrés du plan de mon chef.
Mais, déjà elle touche de sa cime le chêne.
C’est pas mon problème si j’ai un chef qui est un con.
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Muralismo Mexicano
Hay muros que nacen para dividir y otros que, en un acto casi de rebeldía silenciosa, aprenden a convertirse en territorio compartido. En la avenida Prolongación División del Norte, en Xochimilco, el concreto dejó de ser una frontera inmóvil para transformarse en un relato abierto, una piel urbana donde las manos de Dana Guerrero, Yuka Ilustrador, Maestro Luna y VR fueron trazando algo más que colores: fueron sembrando símbolos.
Como diría Gutierre Tibón, las ciudades poseen una memoria secreta; una lengua hecha de signos, figuras y gestos que sobreviven más allá del tiempo. Y aquí, entre brochas, pintura y escaleras apoyadas sobre el muro —esas viejas cómplices de quienes insisten en alcanzar un poco más alto— aparece una gramática distinta: la de quienes convierten el espacio público en una conversación.
Y si Clifford Geertz hubiera detenido la mirada aquí, quizá habría dicho que la cultura ocurre precisamente en escenas como ésta: personas reunidas construyendo significados. Porque un mural jamás es sólo pintura; es un ritual contemporáneo. Un pequeño acuerdo colectivo donde unos dibujan y otros observan, donde unos colorean y otros se reconocen.
Mientras el ajolote vigila desde el muro con esa quietud extraña de quien conoce antiguos secretos de Xochimilco, los muralistas parecen recordar algo esencial: que las ciudades también se pueden reparar con pinceles. Curiosa tarea humana: unos levantan bardas… y otros llegan para devolverles la capacidad de contar historias.
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Vous connaissez…
…la pièce Art de Yasmina Reza ? L’histoire d’une dispute autour d’un tableau blanc.
Non c’est pas un tableau, c’est un écran, c’est pour me projeter des films.
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