Casa de gobierno: Iztapalapa « A » (IZP. 4)
31/03/2026
En la imagen se congrega algo más que un conjunto de personas: se revela, con discreta elocuencia, la forma en que un equipo se constituye como estructura viva. No es casualidad que, en el trabajo de campo —ese terreno donde la teoría suele tropezar si no se sostiene en la práctica—, el funcionamiento colectivo dependa de algo más que la suma de voluntades. Depende, sobre todo, de la dirección.
Como bien sugeriría Anthony Giddens, las estructuras no son entes abstractos que flotan por encima de la acción, sino que se producen y reproducen en la práctica cotidiana. Aquí, en este equipo conformado por la Secretaría de Atención y Participación Ciudadana, por orientadoras y educadores, la estructura no oprime: organiza, habilita, da cauce. Y lo hace de manera casi orgánica.
Porque cuando la dirección es clara —y, más aún, cuando es pertinente—, el trabajo deja de sentirse impuesto y comienza a fluir. Se vuelve orgánico, casi natural. Cada integrante encuentra su lugar sin necesidad de rigideces excesivas; cada acción se articula con otra como si respondiera a una lógica compartida. No es magia, aunque a veces lo parezca: es conducción.
En este caso, la cabeza visible, la directora Ana María Rodríguez Ruiz, no aparece como figura decorativa ni como autoridad distante, sino como eje que permite que el conjunto funcione sin fracturas. La buena dirección no asfixia: orienta. No impone cada movimiento: genera las condiciones para que el equipo se despliegue con autonomía.
Así, la inauguración de la cancha número 57 —impulsada también por el subsecretario Ángel Sánchez— no es únicamente un acto protocolario. Es la materialización de un proceso colectivo donde la coordinación, la confianza y la dirección adecuada han hecho posible que el trabajo de campo se traduzca en resultados concretos.
En otras palabras —y sin demasiada solemnidad—: un equipo puede existir sin dirección, sí… pero suele durar lo que un partido sin árbitro. Cuando hay una conducción sólida, en cambio, el juego no solo continúa: se entiende, se disfruta y, de vez en cuando, hasta se gana.