Mi Tío Julian
30/12/2025
Tener un gran tío no es una cuestión de parentesco, sino de aprendizaje. Mi tío Julián no me enseñó con discursos largos ni con moralejas explícitas. Me enseñó caminando, trabajando la tierra, mirando el clima, respetando los tiempos lentos del campo. En su manera de andar hay una ética; en sus manos, una memoria; en su silencio, una forma de conocimiento que no necesita ser explicado para ser verdadero.
Ser hombre de campo, según él, no es dominar la naturaleza, sino saber convivir con ella. Es entender que el esfuerzo no siempre se ve de inmediato, que la paciencia también es una forma de inteligencia, y que la dignidad se construye en los actos repetidos todos los días. Mi tío Julián encarna esas lecciones sin nombrarlas: las vive.
Quererlo es reconocer que muchas de las cosas que soy no vienen de libros ni de teorías, sino de haber observado atentamente cómo un hombre habita su mundo. En esa observación —tan simple y tan profunda— se encuentra la grandeza del tío, del maestro cotidiano, del hombre que enseña sin proponérselo.