Frutas y verduras « Coco »
13/12/2025
¡Contemplad este microcosmos de luz y pulpa! Bajo el humilde techo de la Recaudería « Coco », no solo se comercia con los dones de la tierra; se custodia, sin saberlo, un panteón de astros efímeros.
Observad esas piñatas, estrellas de siete picos que penden del techo como constelaciones de papel de seda y oropel. Para el ojo profano, son simples adminículos de la fiesta; para el iniciado, son el símbolo vivo del sincretismo: el septenario de los pecados que el hombre, armado de fe y un palo de escoba, habrá de derribar para obtener la recompensa celestial. Sus colores —púrpuras de obispo, verdes de jade, platas que envidiarían las minas de Taxco— vibran en el aire estático del mercado, creando un caleidoscopio que marea el espíritu y alegra la vista.
Debajo de este cielo de cartón, la realidad se torna suculenta. Frutas y verduras « Coco » —nombre que nos remite a la palma viajera, al fruto que es agua y carne a la vez— ofrece su cornucopia cotidiana. Allí están los plátanos, dedos de oro que apuntan al suelo; las manzanas, rojas como la tentación primera; y los cítricos, pequeñas esferas de sol atrapadas en una caja de madera.
Al fondo, tras el mostrador, se adivina la presencia de la guardiana de este jardín de las delicias. Ella, impasible ante el estrépito de colores que la rodea, es la sacerdotisa del pesaje y la medida. En sus manos, el rito de la compra se vuelve una danza de pesos y centavos, de « marchante » y « marchanta », un diálogo que resuena en las plazas de México desde antes que el primer caballo español hollara este suelo.
En esta esquina del mundo, lo sagrado y lo profano se dan la mano. Las piñatas esperan el golpe que las rompa para liberar su alegría, mientras la fruta aguarda el mordisco que la redima. Es la Recaudería « Coco », un rincón donde la geometría de las estrellas de papel vigila la frescura de la tierra, recordándonos que en México, hasta para comprar la cena, hay que mirar primero al cielo.