Donde el tiempo aprende a quedarse
01/01/2026
El tiempo no pasa: se pronuncia.
Se dice a sí mismo en cuatro voces
y por un instante se queda.
Elena, bisabuela:
memoria viva,
raíz que recuerda cuando el mundo
aún aprendía a nombrarse.
En su mirada el ayer no se va:
respira.
Leticia, abuela:
presente que sostiene.
Puente hecho de manos,
de cuidado cotidiano,
de silencios que saben unir
lo que fue con lo que todavía insiste.
Mónica, madre:
el tiempo en tensión.
La pregunta abierta,
el ahora que avanza
sin soltar lo que ama.
En sus ojos el día se piensa.
Betsany, la pequeña:
instante puro.
El futuro antes del lenguaje,
la risa que aún no sabe
que es promesa.
Todo comienza otra vez en ella.
No se heredan los años.
Se hereda la luz,
el gesto que regresa,
el nombre que cruza el tiempo
como un hilo invisible.
Aquí el tiempo se reconoce,
se mira en cuatro cuerpos
y deja de huir.
Cuatro generaciones:
un mismo latido
dicho cuatro veces.