Hikuri Lunática: habitar el movimiento
25/08/2026
Hikuri Lunática ha hecho del movimiento una forma de existencia. Viajera y malabarista, su trayectoria no puede entenderse solamente como una elección individual, sino como el resultado de una relación particular con los espacios, los cuerpos y las posibilidades que ofrece la vida urbana.
Hoy vive en Iztapalapa, pero su presencia en la ciudad conserva algo de ese tránsito permanente. En medio del tráfico, los automóviles y las reglas que organizan la circulación cotidiana, ella introduce otra lógica: la del cuerpo que juega, se desplaza y transforma momentáneamente el espacio público. Sus aros no son únicamente objetos de entretenimiento; son también instrumentos mediante los cuales ocupa un territorio que normalmente pertenece a los vehículos.
Su cuerpo se convierte así en una forma de capital cultural y simbólico. Lo que ha aprendido durante su trayectoria viajera adquiere valor precisamente cuando es puesto en escena frente a los otros. El conocimiento del movimiento, el equilibrio y la destreza corporal le permiten producir una presencia que rompe, aunque sea por unos instantes, con los usos habituales de la calle.
Hay en esta imagen una tensión entre dos formas de habitar la ciudad. Detrás de Hikuri aparecen los automóviles, las líneas viales, los cables, los anuncios y una infraestructura que organiza los desplazamientos de acuerdo con una lógica funcional. Frente a ella, aparece el juego. La ciudad ordena; ella desordena. La ciudad acelera; ella se detiene para moverse de otra manera.
Su habitus, construido a través del viaje y de la práctica del malabarismo, parece encontrar en el espacio público un territorio donde las fronteras entre trabajo, arte, ocio y supervivencia se vuelven menos claras. Iztapalapa no es solamente el lugar donde actualmente reside: es el escenario en el que una trayectoria nómada adquiere nuevas formas y se relaciona con otros capitales, otros cuerpos y otras maneras de vivir.
La fotografía registra, entonces, algo más que una malabarista cruzando una avenida. Registra el encuentro entre una trayectoria individual y una estructura social. Hikuri Lunática ocupa durante unos segundos un espacio que no fue diseñado para ella y, al hacerlo, revela que la ciudad también puede ser disputada simbólicamente.
Entre el automóvil que espera, el peatón que observa y el cuerpo que juega, aparece una pregunta sencilla pero incómoda: ¿quién tiene derecho a ocupar el espacio público y de qué manera?
Hikuri no responde con un discurso. Responde con el cuerpo.