Rodrigo Alonso

Les légendes de Rodrigo Alonso /

527 images légendées.

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2019

Casa de gobierno: Iztapalapa « A » (IZP. 4)

En la imagen se congrega algo más que un conjunto de personas: se revela, con discreta elocuencia, la forma en que un equipo se constituye como estructura viva. No es casualidad que, en el trabajo de campo —ese terreno donde la teoría suele tropezar si no se sostiene en la práctica—, el funcionamiento colectivo dependa de algo más que la suma de voluntades. Depende, sobre todo, de la dirección.

Como bien sugeriría Anthony Giddens, las estructuras no son entes abstractos que flotan por encima de la acción, sino que se producen y reproducen en la práctica cotidiana. Aquí, en este equipo conformado por la Secretaría de Atención y Participación Ciudadana, por orientadoras y educadores, la estructura no oprime: organiza, habilita, da cauce. Y lo hace de manera casi orgánica.

Porque cuando la dirección es clara —y, más aún, cuando es pertinente—, el trabajo deja de sentirse impuesto y comienza a fluir. Se vuelve orgánico, casi natural. Cada integrante encuentra su lugar sin necesidad de rigideces excesivas; cada acción se articula con otra como si respondiera a una lógica compartida. No es magia, aunque a veces lo parezca: es conducción.

En este caso, la cabeza visible, la directora Ana María Rodríguez Ruiz, no aparece como figura decorativa ni como autoridad distante, sino como eje que permite que el conjunto funcione sin fracturas. La buena dirección no asfixia: orienta. No impone cada movimiento: genera las condiciones para que el equipo se despliegue con autonomía.

Así, la inauguración de la cancha número 57 —impulsada también por el subsecretario Ángel Sánchez— no es únicamente un acto protocolario. Es la materialización de un proceso colectivo donde la coordinación, la confianza y la dirección adecuada han hecho posible que el trabajo de campo se traduzca en resultados concretos.

En otras palabras —y sin demasiada solemnidad—: un equipo puede existir sin dirección, sí… pero suele durar lo que un partido sin árbitro. Cuando hay una conducción sólida, en cambio, el juego no solo continúa: se entiende, se disfruta y, de vez en cuando, hasta se gana.


le mardi 31 mars


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Celia <3

Celia,

A veces me cuesta entender cómo alguien puede llegar así, sin avisar, y cambiar tantas cosas al mismo tiempo. Contigo no fue solo conocerte… fue aprender a sentir distinto. Cada momento a tu lado —las pláticas, las risas, incluso los silencios— se me quedaron guardados en un lugar que no se mueve.

Gracias por darme la oportunidad de coincidir contigo, de mirarte de cerca, de besarte y de descubrir todo lo que provocas en mí. No sé si la vida se explica o simplemente se vive, pero si algo tengo claro es que haberte encontrado ha sido de lo más genuino que me ha pasado.

Te llevo conmigo, de una forma tranquila pero firme. Y si alguna vez dudas de lo que significas… recuerda que en alguien dejaste algo bonito que no se va.


le dimanche 29 mars


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Del campo a la ciudad

Hay algo profundamente ritual en la escena: no es solo un grupo de personas frente a un camión, es una pequeña coreografía social donde cada cuerpo ocupa su sitio como si obedeciera a una antigua gramática comunitaria. Diría, con cierto guiño a lo inevitable, que el trabajo en equipo no nace de la eficiencia —ese mito moderno tan sobrevalorado—, sino de la necesidad humana de no estar solos ante la tarea.

La Secretaría de Atención y Participación Ciudadana, encarnada en cada uno de estos rostros, no es una estructura abstracta ni un membrete burocrático; es, más bien, una suma de voluntades que se entrecruzan como calles en una ciudad vieja. Cada persona ahí presente es un nodo de sentido: quien organiza, quien escucha, quien carga, quien observa. Ninguno es prescindible, aunque a veces el sistema insista en hacernos creer lo contrario.

El trabajo en equipo, visto así, se parece más a un tejido que a una máquina. No funciona por engranes, sino por confianza —esa materia invisible que no aparece en los informes, pero sin la cual todo se desmorona con una facilidad casi ofensiva. Aquí, la participación ciudadana deja de ser un concepto elegante para convertirse en acto: en la mirada compartida, en la espera coordinada, en el esfuerzo distribuido.

Y sin embargo, hay una ironía sutil: aquello que parece espontáneo suele estar sostenido por horas de organización silenciosa. Lo colectivo no ocurre por accidente. Se construye, se insiste, se corrige. Se repite.

En ese sentido, esta imagen no solo documenta una actividad; revela una forma de entender lo público. No como un servicio que baja desde arriba, sino como un movimiento horizontal donde cada integrante es, simultáneamente, representante y representado.

Así, el equipo no es únicamente un conjunto de personas: es una declaración. Una forma de decir —sin decirlo— que la ciudad no se sostiene sola. Que alguien siempre está ahí, coordinando el caos, repartiendo lo necesario, sosteniendo lo que otros dan por hecho.

Y que, pese a todo, sigue funcionando. Lo cual, siendo honestos, ya es bastante.


le mercredi 25 mars


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Inner, Feck, Herck, Pepe Toño, Paquirri, Fredink, Batak

Hay una extraña vocación en quien decide dialogar con el muro. No es oficio menor ni gesto decorativo: es, en cierto modo, un acto de traducción. Donde otros ven concreto, ustedes —Inner, Feck, Herck, Pepe Toño, Paquirri, Fredink, Batak— leen superficie disponible, página en blanco, territorio en disputa.

El artista plástico urbano no pinta: interpreta. Y lo hace sobre la piel más honesta de la ciudad, esa que no se maquilla, que carga cicatrices, anuncios viejos, capas de olvido. El muro gris, ese símbolo casi arrogante de lo inacabado, cede ante la insistencia del color. Y entonces ocurre algo curioso: la pared deja de ser límite y se vuelve relato.

En Iztapalapa, donde la vida no suele pedir permiso para manifestarse, ustedes operan como cronistas sin escritorio. No escriben con tinta, sino con gesto; no narran en líneas rectas, sino en explosiones de forma. Cada trazo es una afirmación: aquí pasó algo, aquí estamos, aquí seguimos.

Porque el arte en el espacio público tiene esa cualidad incómoda —y necesaria— de no poder ser ignorado. Interrumpe la prisa, cuestiona la costumbre, desordena la mirada. Y en ese pequeño acto de interrupción, deja una huella que no siempre se entiende de inmediato, pero que persiste, como esas ideas que se niegan a desaparecer.

Lo suyo no es embellecer —palabra demasiado tímida—, sino resignificar. Donde había abandono, hay intención; donde había silencio, hay voz. Y sí, quizá mañana alguien vuelva a cubrir el muro, a imponer otra capa, otro olvido. Pero incluso eso confirma algo: que la ciudad es un palimpsesto, y ustedes, sus escribanos más tercos.

Así, cada obra no es solo imagen: es memoria en proceso. Una historia que no se archiva, sino que se expone. Y que, con cierta ironía, termina siendo más duradera que muchas de las versiones oficiales de la realidad.

Porque al final, el muro recuerda. Y ustedes le enseñaron cómo.


le mardi 24 mars


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UTOPIA

fronton


le vendredi 13 mars


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